Había escrito cien veces: te quiero.
Había cubierto la habitación con cien ramos de rosas, había esperado cien veces bajo la lluvia, había dibujado cien corazones enlazados, había afirmado cien veces que yo era la mujer de su vida.
Me había puesto la mano encima sólo una vez...
y fue suficiente.

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