jueves, 18 de febrero de 2016

Voces

–De acuerdo, lo haré. ¡Hasta luego! –creí escucharle.
Yo estaba en la sala revisando su teléfono.
Entré con sigilo en la habitación y la encontré sentada en la cama con la mirada perdida.
–¿Con quién hablabas?– le pregunté, mientras le devolvía su móvil.
No tuve respuesta. Sólo una maliciosa sonrisa.
–¡Joder, cada día estás más loca! –exclamé.
Ella se incorporó muy despacio y, al pasar a mi lado, me susurró:
–No te muevas, cariño. Necesito coger una cosa de la cocina.




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